martes, 29 de octubre de 2013

La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es CONSTITUCIONAL


Tuvieron que pasar 1481 días desde que se 
aprobó y promulgó la Ley de Medios 
para que la declaren Constitucional.

jueves, 17 de octubre de 2013

La resistencia

Me desperté sobresaltada. De repente me encontré sola, sentada en la cama, abrazándome a mí misma. Rodeada por la oscuridad de la noche y escuchando tan sólo el latido agitado de mi corazón que se mezclaba con el traqueteo de algún colectivo que rodaba, ruidoso, por la avenida más cercana.
La conciencia, que me mostraba dónde estaba, quién era, qué hora era, también me planteaba una verdad irrefutable y terrible: “Me gusta Néstor. Estoy enamorada de él”. Me negué a escucharla... “Un sueño tonto”, me dije y me abracé a la almohada perfumada, dispuesta a sumergirme otra vez en la inconsciencia acogedora en al que tan cómoda me encontraba hasta ese momento.
No resultó. Probé recostarme de un lado. Intenté del otro. Me puse boca abajo. Me extendí mirando el techo. Conté ovejas. Era imposible... Resignada, decidí levantarme, caminé descalza hasta la heladera a buscar un vaso de Coca (desoyendo todos los consejos de mi madre: “no toques la heladera estando sin calzado...”) y me senté a pensar en el balcón, observando la calle vacía y la luna que parecía una cara mofletuda que se estaba riendo de mi incertidumbre.
El aire cálido de febrero terminó de arruinar mi humor pero ya sabía que no iba a dormirme otra vez. Eran las tres de la madrugada del jueves y yo, acalorada y fastidiada, decidí enfrentarme al fantasma que me estaba importunando.
Néstor. Mi mejor amigo. El que siempre estaba allí, a mano. Dispuesto a escuchar mis problemas (que no eran pocos) a cualquier hora del día. Siempre con una sonrisa y un abrazo disponibles para mí. “O para cualquier otro amigo que lo necesite, vamos... no seas vanidosa”, me auto descendí de la nube.
“¿Cómo sucedió ésto? ¿Cuándo fue que me empezó a gustar? ?¿Cómo no me di cuenta antes?”... demasiadas preguntas rondaban mi cabeza confundida. Y la más difícil de todas: “¿Qué hago con este lío? ¿Cómo me comporto con él igual que siempre si ya nada es como siempre?
No pude evitar recordar todas los momentos juntos... salidas con amigos, incluso cada uno con su pareja del momento... bailes, alguna que otra embriaguez compartida, charlas sin sentido hasta cualquier hora... Y nunca, pero nunca se nos había pasado por la cabeza la idea de ser algo más que amigos.
Las coincidencias eran muchas, eso sí. “Los gemelos fantásticos”, nos decían los demás. A veces, asombrados de lo similares que éramos; otras con un atisbo de envidia porque nuestras conversaciones eran eso: “nuestras” y no era simple que lograran inmiscuirse en esos códigos que compartíamos.
Me acordé de lo feliz que me sentí cuando viajó conmigo a ver al Indio. Tantos amigos ricoteros y el único que aceptó venir fue él. Y rememoré, también, su rostro plagado de alegría cuando recorrí media ciudad para ir a verlo tocar en un bar con sus amigos.
Y los debates sobre política... horas de mate y discusiones. No necesitábamos nada más.
Pero ahora, me estaba dando cuenta de que yo sí necesitaba algo más y ante eso, mi cuerpo se puso tenso. El estado de alerta de todo mi organismo fue pleno: “No puede pasar nada”, cavilé. “No lo tenemos que arruinar”
Y sin embargo sabía, estaba convencida, segurísima de que iba a pasar “algo”. “No es posible que yo sienta todo esto y él, nada...”, razoné.
Fui a trabajar sin dormir. Con la mirada sombreada por crueles ojeras pero más brillante que nunca. Y decidida a no ceder a la tentación: “el amor con Néstor puede llegar a ser maravilloso pero su amistad me es necesaria”, analicé.
El sábado, como casi todos los sábados, me llamó. La suerte estaba de mi lado: los teléfonos aún no tienen pantalla que permitan ver al interlocutor. Sin tener que acercarme a un espejo supe que el rosado de mis mejillas y la sonrisa de mi boca me hubieran incriminado en menos de un segundo.
El plan era salir a tomar algo. “Vos llamá a tus amigas, yo me encargo de los míos”, organizó. Así lo hice pero mis mujeres no cooperaron tanto como el teléfono. El escrutinio final arrojó el resultado de una con gripe, otra que salía con su novio a festejar un aniversario y la tercera embarcada en la organización del cumpleaños de su madre.
Néstor llamó al caer la tarde con resultados similares: todos sus amigos ya tenían planes. “Salgamos los dos solos...”, propuso.
Para mi endeble corazón, sus palabras sonaron casi como una amenaza. Pero, ¿cómo justificar mi súbita renuencia a una salida con él?... Acepté.
Hice todo lo posible... todo. Dejé de lado el bolsito de maquillaje, me calcé un jean que me quedaba bastante flojo y le dediqué muy poco tiempo a mi cabello. Mi idea era no gustarle. Pero, a último momento, elegí la remera con la estampa del tigre que sabía era su favorita...
El universo conspiró en mi contra. Podría haber vestido de la manera menos atractiva, daba lo mismo: esos ojos oscuros y esa simpatía no necesitaban más. Pero el muy atrevido lucía perfecto, enfundado en su campera de cuero negra (la que tanto me gustaba), dispuesto a llevarme a un bar a ver una banda de rock amiga.
Al llegar a la puerta del local, la confabulación de las estrellas continuó: la banda había suspendido la presentación. Así que, lejos del ambiente ensordecedor que me hubiera garantizado cierta seguridad, terminamos en la terraza de un restaurante, a la luz mitad luna- mitad velas, compartiendo un vino aterciopelado.
Fue la noche más sencilla y hermosa en mucho tiempo. Nos reímos mucho y la incomodidad inicial pronto se evaporó. Sólo volví a sentirla cuando los comensales de la mesa vecina, al pedirnos fuego, se disculparon por interrumpirnos en lo que parecía ser “nuestra primera cita”
Ese instante bastó para ver en él la misma desazón, la misma incomodidad y supe que estaba perdida...
“Voy al baño”, balbuceé. “Bueno, yo pido otro vinito...”, musitó. Y me quedé diez minutos frente al espejo intentando decidir si alegando estar descompuesta me escapaba a casa o enfrentaba la situación.
“¿Desde cuándo huyendo? ¿Desde cuándo cobarde? ¿Y la negra peronista que puede con todo, dónde está?”, casi le grité a mi propia imagen. Erguí la cabeza y volví.
Me esperaba, con una copa y una sonrisa. Y con esos ojos perfectos, que nada hacían para que yo temiera o dudara.
Me senté y apoyé mi cabeza despeinada sobre su hombro...como siempre hacía pero como nunca antes había hecho. Me miró, muy serio, y me besó. Y toda la resistencia y las palabras que había ensayado para rechazarlo se borraron de mi mente. Me lancé a sus brazos sin vacilar.
 

martes, 15 de octubre de 2013

"El hombre que venía" por NICOLAS CASULLO

El politólogo Nicolás Casullo escribió esta nota en mayo de 2002, un año antes de que Néstor Kirchner llegara a la presidencia y antes incluso de que fuera realmente un candidato. El notable texto pinta el personaje que el gobernador patagónico podría llegar a ser y en muchos aspectos realmente fue.


Néstor Kirchner representa la nueva versión de un espacio tan legendario y trágico como equívoco en la Argentina: la izquierda peronista. En su rostro anguloso, en su aire desorientado como si hubiese olvidado algo en la mesa del bar, Kirchner busca resucitar esa izquierda sobre la castigada piel de un peronismo casi concluido después del saqueo ideológico, cultural y ético menemista. Convocatoria kirchneriana por lo tanto a los espíritus errantes de una vieja ala progresista que hace mucho tiempo pensaba hazañas nacionales y populares de corte mayor.
Revolotean escuálidos los fantasmas de antiguas Evitas, CGT Framinista, caños de la resistencia, Ongaro, la gloriosa JP, la Tendencia, los comandos de la liberación, ahora sólo eso, voces en la casa vacía. Por eso un Néstor Kirchner patagónico, atildado en su impermeable, con algo de abogado bacán casado con la más linda del pueblo, debe lidiar con la peor (que no es ella, inteligente, dura, a veces simpática) sino recomponer, actualizar y modernizar el recuerdo de un protagonismo de la izquierda peronista que en los ’70 se llenó de calles, revoluciones, fe en el General, pero también de violencia, sangre, pólvora, desatinos y muertes a raudales, y de la cual el propio justicialismo en todas sus instancias hegemónicas desde el ’76 en adelante, renegó, olvidó y dijo no conocer en los careos historiográficos. De ahí que en las nuevas generaciones de jóvenes de los últimos 20 años, las crecidas entre Luder y Menem, aquel “peronismo de izquierda” no dejó datos ni rastros: las nuevas generaciones medias no alcanzan a descifrar ese rótulo como algo digno de ser pensado. Por eso, como espacio histórico dramático y fallido, lo de Kirchner tiene el signo de la nobleza, del respeto a una generación vilipendiada con el mote de puro guerrillerismo. Es fiel a una memoria fuerte del país que ningún peronista “referente” se animó a aludir en la nueva democracia, y también signo de aquellos fatalismos. Larga es la lista de enemigos internos y externos de esa izquierda nacional en el movimiento desde 1953 hasta hoy: los “cobardes, entreguistas, traidores, claudicantes, negociadores, burócratas, mariscales de la derrota, antipueblo” y finalmente esa extraña y exitosa ecuación de modernización y renovación justicialista que desembocó en el menemismo-liberal que enamoró a todos los poderes reales en la Argentina. Lista de defecciones tan eterna y concreta que casi terminó siendo, desde 1955, la historia real del peronismo. La de sus defecciones.
En esa temeraria pelea está inscripto hoy el santacruceño. Según muchos, Kirchner asume la responsabilidad de una pieza semiarqueológica: los militantes peronistas “setenteros”, ahora cincuentones, quienes viven la biografía del movimiento del ’45 como sentados en una estación abandonada y ventosa muy al sur del país por donde volver a pasar, aunque todavía no se note, ni se crea, ni se oiga, aquel verdadero tren de la historia que algún día podrá llenar de humo purificador la patria.
Sentados en el andén vacío y destartalado, como a una hora señalada, los del grupo toman mate, hacen muñequitos de madera con las navajas, parrillan corderitos en la estación sin nadie, miran de soslayo por si se acerca alguien, y achican los ojos cada tanto con las manos de visera en pos de un imaginario punto negro, lejano, que se vaya agrandando sobre las vías con su silbato anunciador. La cuestión es no dar demasiados datos de esa espera. Por eso Kirchner habla rápido, a veces medio desprolijo, o deambula confusamente entre cámaras de noticiero tratando de coincidir con la memoria de los mártires, con el subsuelo del tercer cordón ex industrial, o con una histérica cacerolera de Belgrano R. Porque en realidad está diciendo algo difícil, complejo, discutible, pero a lo mejor por eso profundamente cierto en cuanto a por cuál sendero se sale realmente de este entuerto, donde el país se desbarranca por la ladera, perdida toda idea de sí mismo, toda imagen nacional.
Es posible que no sea candidato, o mejor dicho que no le alcance el envión entre los sueños solapados del presidente Duhalde, las encuestas optimistas de De la Sota, la coincidencia de los poderes con Reutemann, las infinitas “re-reelecciones” de Menem, el caradurismo simpático de Rodríguez Saá. Desgarbado, lungo, de palabra directa, está último en esa lista, cuando cada tanto viene del sur para exigir elecciones ya. Para decir que va por adentro o va por afuera pero no va a entrar en ninguna trenza. Lo converso con mis amigos y el 80 por ciento no lo ubica, lo semitienen en algún rincón de las imágenes del consciente pero no del todo. Les digo que es el fantasma de la tendencia que vuelve volando sobre los techos y sonríen como si les hablase de una película que no se va a estrenar nunca porque falta pagar el master.
Si rompe con el peronismo corre el eterno peligro de quedarse solo, ser simple izquierda, ser no “negocio”. Si se queda adentro, ya nadie sabe en qué paraje en realidad se queda: corre el peligro de no darse cuenta un día que él tampoco existe.
En ese maltrecho peronismo que vendió todas las almas por depósitos bancarios, Kirchner es otra cosa: insiste en dar cuenta de que ésta no fue toda la historia. Que hay una última narración escondida en los mares del sur.

FUENTE

miércoles, 9 de octubre de 2013

Leete esto, che...

Resumiendo, la culpabilidad de muchos de nuestros intelectuales y artistas reside en su pecado original; no son auténticamente revolucionarios. Podemos intentar injertar el olmo para que dé peras, pero simultáneamente hay que sembrar perales. Las nuevas generaciones vendrán libres del pecado original. Las posibilidades de que surjan artistas excepcionales serán tanto mayores cuanto más se haya ensanchado el campo de la cultura y la posibilidad de expresión. Nuestra tarea consiste en impedir que la generación actual, dislocada por sus conflictos, se pervierta y pervierta a las nuevas. No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto, ejerciendo una libertad entre comillas. Ya vendrán los revolucionarios que entonen el canto del hombre nuevo con la auténtica voz del pueblo. Es un proceso que requiere tiempo.”  

Comandante Che Guevara

domingo, 12 de mayo de 2013

Veneno paciente



Me cansa tener gente alrededor
si no meto un trago llega el mal humor...
Mentiras amables, veneno paciente
y nada de lo que supimos desear...

¿Desde cuando sos, tan sensible vos?
Taco alto y chablis era tu confesión
y pronto empezaste a ser un recuerdo  
y nada de lo que me gusta extrañar...

Los problemas saben, siempre, donde estás
con tus trucos viejos de zorra, besas.

Vestida de lino, de lino bonito
Y nada de lo que supiste lucir...

Hasta donde se, ya no bebo más.

sábado, 9 de febrero de 2013

Pabellón Séptimo - Otro nefasto hecho del Terrorismo de Estado




Masacre cometida por el terrorismo de estado, y se conoce como "Motín de los colchones".
La Masacre del Pabellón 7 de la cárcel de Devoto, sucedida el 14 de marzo de 1978, cuando murieron quemados, asfixiados y con disparos de ametralladoras, al menos 65 presos "comunes". 


Redonditos de abajo
 
Masacre Pabellón 7mo